A veces la felicidad consiste en imaginar
Una pequeña actualización luego de tanto silencio.
Llevo un buen rato sin publicar. Han sido días de mucho movimiento, cambio y sobreestimulación sensorial que amenazarían con bajarle las defensas a cualquier persona que, como yo, navega los mares de la vida con la armadura de la introversión (algún INFJ leyéndome, de casualidad?).
En resumidas cuentas, acabo de mudarme a la maravillosa urbe que es Barcelona, España.
Ha sido todo un proceso para adaptarme. Los trámites legales pueden tornarse innecesariamente complicados (en serio, ¿por qué debe ser tan difícil sacar una cita previa para la TIE?), estoy viviendo en una residencia estudiantil donde le llevo diez años a la gran mayoría de mis vecinos, y mis inseguridades sobre ser soltero (“Me quedaré solo?” y este tipo de pensamientos) y la incertidumbre de mi futuro están a flor de piel.
Opté por recurrir a uno de los lugares que me tranquiliza cuando alcanzo tensiones de este tipo: el arte. Fui a la Casa Batlló, obra maestra de Antonio Gaudí.
Visitando esta edificación, no pude evitar notar a muchas personas obsesionadas por fotografiar cada detallito que veían, llenando un carrete que quizás nunca volverían a revisar.
Me pregunté si lo hacían, como es propio de la fotografía, por miedo a la inevitabilidad del futuro, por un afán de conservar el tiempo.
O quizás simplemente lo hacían por tener algo para publicar y asegurar su dosis de dopamina digital. No los juzgo; yo hago esto también de vez en cuando.
Sin embargo, más que eso, me pregunté por qué últimamente no me gusta retratar todo lo que veo. Voy a lugares como este y me resisto a sacar mi celular para tomar fotos. Al final saco unas cuantas para tener mi recuerdo, pero no las miles de fotos que suelen sacar los demás.
¿Qué deseo conseguir? ¿Estar en el presente? Sí, claro, pero esa razón no es la central: yo soy muy nostálgico por naturaleza, y suelo transportarme a mis recuerdos con frecuencia. El presente no es mi vividero habitual.
Justo ahí, haciéndome esa pregunta, escuché una frase de la guía auditiva en Casa Batlló:
"A veces la felicidad consiste en imaginar."
Y sí, creo que es eso.
El carrete de mi celular va cargado de expectativas sociales, puestas por mí y por quienes me rodean. Por otro lado, mi imaginación, mis recuerdos, mis memorias, son solo míos. Solo yo tengo acceso a ellos, a lo que me hacen sentir.
Y si deseo compartirlos con el mundo, es ahí donde crear arte se vuelve tan importante. La verdadera creación no sacrifica el poder de la imaginación, sino que se alimenta de ella.
No sé qué sorpresas me traerá esta ciudad, pero me comprometo a permitir que alimente mi imaginación, aquel lugar donde resido por siempre.



