Adiós, Nando
Las vidas no vividas...
Existe una vida después de la muerte en la que revives todas las vidas que podrías haber vivido, si hubieras tomado decisiones diferentes.
David Eagleman — Sum: Cuarenta relatos del más allá
Queridos Nandos,
No sé cuál de todos me está leyendo en este momento. Quizás uno, quizás varios. No importa, escribiré como si fuese cualquiera. Al fin y al cabo, todos son igual de importantes.
Sé que no suelo dirigirme a ustedes de forma directa. De vez en cuando intercambiamos miradas, en alguna de esas noches sin final, o en uno de esos atardeceres taciturnos. Hoy quiero salirme un poco de mi usual comportamiento, porque la verdad es que gracias a ustedes puedo estar donde estoy. Gracias a ustedes me siento seguro de las cosas que he logrado. Gracias a ustedes, mis dolores se sienten reales y me hacen sentir presente. Vivo.
Vengo aquí porque, por cosas de las ocupaciones cotidianas, nunca tuve la oportunidad de despedirme apropiadamente. Un poco grosero de mi parte, lo admito. Espero puedan disculparme y darme su atención hoy, así sea por última vez.
Son varios, así que vamos en orden:
Adiós, Nando que quiso dedicarse al cine como profesión. Te recuerdo con mucho cariño cada vez que veo alguna película independiente. Aún suenan en mi cabeza las reflexiones sin fin que solías tener con cada plano que llenaba la pantalla. Admito que a veces me distraían un poco más de la cuenta y me impedían estar inmerso en la historia que estábamos viendo. Es más, me atrevo a decir que tu carácter impulsivo tendía a dejarme agotado, exhausto y maldiciendo el día en que quise dedicarme al séptimo arte, aunque reconozco que tu predilección por la acción me llenó de historias memorables. Aprendí mucho de ti, pero ya creo que es suficiente.
Adiós, Nando romántico desesperanzado. Sí, tú sabes cuál eres, a pesar de que veo cómo quieres esconderte. No te preocupes, no te guardo ningún tipo de rencor. Si algo, quiero agradecerte. Gracias a todos esos días en que te perdías en tu imaginación, en escenarios maravillosos en que todas tus fantasías de romance y amor verdadero se cumplían, pude saber realmente lo que significa amar. Me río a carcajadas cuando pienso en ese momento en que decidí entrar en una relación amorosa y asomaste la cabeza, justo cuando pensé que no te volvería a ver. Está bien, querías sentir ese amor tanto como yo. No hay problema. Me parece que mis lágrimas aún guardan resquicios de tus lamentos. No sé si cruzaremos caminos nuevamente en el futuro. Habrá que esperar.
Adiós, Nando que pensó en quedarse en Bogotá. Estoy seguro de que sigues por allá, acostumbrado al frío, con ese olor a café entremezclado con tabaco y Vive 100. Seguramente seguiste escalando por los distintos niveles audiovisuales, saltando de productora en productora, ganando cada vez más renombre en el medio. Me pregunto si ya habrás logrado dirigir tu primer largometraje, o al menos asistido a otro director. Alguna felicidad debió traerte, por más fugaz y trivial que haya terminado siendo.
Adiós, Nando que consideró, por un instante, quedarse en España. A ti sí te guardo un cariño muy especial porque, honestamente, hace un par de años no sabía ni que existías. Te me apareciste por sorpresa una noche cualquiera y estuve prendido de ti por un buen rato. Contigo supe lo que era salirse, realmente, de la zona de confort, vivir con menos peso y más acción, con el vaivén de la marea ibérica. Me sentí tentado a tenerte cerca de forma permanente, aunque opté por darle prioridad a otras cosas en mi vida. Aún así, te quiero mucho y te abrazo. Intento, todos los días, quedarme con tu ligereza hacia la vida.
Les digo adiós a todos ustedes, no porque nunca los volveré a ver; sabe Dios cuántas veces han decidido regresar a los aposentos de mi conciencia. Quizás “adiós” no es la palabra correcta, es muy cortante, por más que me guste la idea de cerrar ciclos.
Hagamos esto: les diré “hasta luego”. Espero que, a pesar de no poder acompañarlos más en sus viajes, sigan siendo felices dentro de la incertidumbre. Recuerden que su propia compañía es, en la mayoría de los casos, más que suficiente.
Seguiré atesorándolos y recordándolos, donde sea que me lleve el camino.
Por último, los dejo con esta frase. Se me apareció en alguna de las lecturas en las que he ido profundizando acompañado de las brisas decembrinas (y del Nando lector, algún día se los presento). Me pareció oportuna:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo — yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.
Robert Frost — El camino no tomado
Hasta pronto,
Nando





Estoy con ojos llorosos y no se bien por qué. Hermoso texto, y ojalá vuelvas pronto!