Asistí a Therapy For Designers en Barcelona
El día de ayer tuve la oportunidad de asistir a la primera iteración de Therapy For Designers en Barcelona, facilitada por Stephanie Speranza y Juli Groshaus. Fui en un acto muy de impulso, porque la premisa del evento despertó algo en mí:
explorar las tensiones que atraviesan nuestro trabajo y esas preguntas incómodas que muchas veces evitamos
A continuación comparto algunas reflexiones surgidas de este encuentro:
La paz mental sigue siendo ese tema necesario del que nadie habla. Llevo siendo diseñador de producto digital un poco más de cuatro años. Llegué a esta carrera luego de repensar mi sueño original de ser cineasta, mi motivación principal siendo encontrar algo que me permitiera expresarme de forma creativa sin tener que sacrificar mi tranquilidad en el proceso. Incluso si me he sentido mucho más en casa en esta industria, siguen siendo pocos los espacios presenciales dedicados a hablar sobre los seres humanos detrás del diseño que tanto nos encanta. Encontrarme con este espacio ha sido, entonces, una serendipia.
Ser hombre y expresar lo que siento no son mutuamente excluyentes. No me sorprendió darme cuenta que fui el único hombre en asistir al evento. Para algunos, esto podrá despertar inseguridades. Para mí, me hace sospechar que aún existe esta traba mental en la masculinidad moderna en la que ser hombre es incompatible con ser vulnerable. Nunca me he suscrito a esta hipótesis, y por eso seguiré buscando espacios de vulnerabilidad siempre que pueda.
La introversión es más común de lo que suelo pensar. Ser introvertido es uno de esos catch-22 en que mantenemos esa teoría de que no hay nadie como nosotros, pero nuestra naturaleza a estar encerrados en nuestros mundos a veces nos ciega de ver a otras personas que transitan por esta vida de la misma forma. He aprendido a seguir, incluso ciegamente, mi instinto a hacer cosas fuera de lo común (como ir a un evento de diseño donde no se hable de plugins u ofertas de trabajo), incluso cuando la introversión me quiere impedir salir de mi cueva. Han sido más las veces que salgo contento que arrepentido.
Son pocos los días que me quedan en Barcelona, mas atesoro que me siga permitiendo a mí mismo sorprenderme con las almas que me voy encontrando.
Ojalá la vida me siga enviando eventos como este.



