Intuición en vez de significado, sentir en vez de entender
Una historia corta sobre el origen de Nandología.
El significado es secundario a la respuesta intuitiva. A veces, el juego sin sentido puede tener más poder que el significado.
La historia de cómo vino a existir Nandología es bien curiosa. Y un poco inesperada.
Cuando se quiere emprender, sea solo o en grupo, el branding es una de las cosas a las que más tiempo se le dedica. Tiene que llegarle a una audiencia específica, cumplir unas metas puntuales, jugar un juego de balance casi perfecto entre tus intenciones y los designios del llamado “mercado”.
En fin, algo complicado. Y estresante.
El año pasado llegué a la conclusión de que quería tener una cuenta para creación de contenido. Un lugar donde pudiese expresarme creativamente sin límites: a través de la escritura, la música, la fotografía, el diseño… todo lo que se me ocurriera. Una salida para el Nando romántico.
¿Qué nombre le podía asignar a esta cuenta?
Adopté la estrategia que uso para cuando no estoy seguro de algo: me puse a experimentar. Lanzo todo a la pared a ver qué se queda pegado (esa expresión suena mejor en inglés, se los juro).
Como mi obsesión en ese momento era la fotografía análoga, empecé por ahí. Los nombres que esta cuenta tuvo, en el lapso de 1 mes, incluyeron:
treintaycincobaq
35baq
nandoanalogo
detodosladosyninguno
crecerconelviento
Como se podrán imaginar, nada me terminaba de gustar.
Un amigo incluso me escribió a decirme “Oye, has cambiado de nombre como diez veces!” A lo que le respondí: “estoy en mi época indecisa.”
Un día cualquiera, mi madre vino a decirme que no le gustaba la foto que había puesto en redes. Ya ni recuerdo cuál era esta foto. Le pregunto que dónde la vio, y me dice:
“En esa cosa tuya, nandólogo!”
En ese momento, mi usuario se llamaba nandoanalogo. Pero algo hizo clic en mi cabeza.
Nandólogo… es como decir: el que sabe todo sobre… Nando.
Es decir, si existiera una disciplina sobre Nando, sería Nandología.
Perfecto.
Lo adopté y ese ha sido el nombre que ha marcado mis emprendimientos creativos desde entonces.
Ah por cierto, ¿ese logo?
Fue improvisado. Agarré un doodle que tenía guardado entre unos assets de branding y se lo puse al lado al nombre. Me gustó y lo dejé así.
Ojo ahí. No dije: me gustó lo que significaba. Solo: me gustó.
Me dejé llevar por el sentimiento, por la intuición. Lo que llaman gut feeling. No sabes cómo, pero lo sabes.
Yo suelo ser muy indeciso con las cosas que hago. Cambio mi fondo de pantalla del celular casi a diario, nunca estoy conforme con mi foto de perfil en redes, nunca me termino de decidir en muchas cosas.
Esta ha sido una ocasión en que no he querido cambiar ni el nombre ni el logo. Y tengo el presentimiento de que eso no pasará en un buen rato.
No está fundamentado en la razón. No está sostenido por argumentos que pueden contrariarse. No es algo lógico.
Es intuitivo. Viene del alma. Nadie, ni siquiera yo mismo, puede convencerme de cambiarlo. Porque mi corazón me dice que está bien, y que así debe ser.
Eso es lo que pasa con la certeza del corazón: es invulnerable.
A veces de eso se trata la vida. No es necesario tener todas las razones para sustentar una decisión. No hay que llenarse de imaginarios para persuadirnos de un impulso.
A veces lo correcto es permitirse sentir y dejar que el sentimiento nos dé la guía que necesitamos.




