La imperfección que la IA no puede copiar
Sobre Craig Thompson y la autenticidad.
Hoy tuve la oportunidad de asistir al Comic Barcelona 43, en el Fira Barcelona de Montjuic. Viniendo de una ciudad en la que la apreciación por el arte gráfico sigue en su infancia, sentirme rodeado de tantos libros ilustrados, de tanta fanaticada dedicada únicamente a vivir a flor de piel sus más profundas fantasías literarias, fue surreal, fantástico, incluso un poco eufórico.
Fui con el propósito de alejarme un poco de las discusiones eternas online sobre la IA generativa y sus desafíos, conversaciones necesarias pero agotadoras. Fui también para conocer a uno de mis héroes: Craig Thompson, el autor de, entre otras obras, Blankets.
Si no la conocen, es una de las obras más importantes del medio gráfico, apareciendo como #1 en la lista de los Mejores Cómics del 2003 y #8 en la lista de los Mejores Cómics de la Década, ambas por la revista TIME. Es esencialmente una autobiografía de su autor, del género coming-of-age, ese período tan turbio de nuestras vidas que termina definiendo, queramos o no, las partes más importantes de nuestra personalidad y los valores que salvaguardamos en nuestro interior.
Leí este libro en medio del famoso encierro de los años 2020, en un momento en que me cuestionaba una infinidad de decisiones en mi vida. ¿Había estudiado la carrera correcta? ¿Es posible que haya dejado pasar oportunidades de oro, de romance, de trabajo, en el pasado? ¿Hay algo que pude haber hecho distinto? ¿Existe una versión de Nando en otra dimensión que quizás sea más feliz? No recuerdo cómo llegué al libro, pero tengo muy claro que leerlo fue catártico. Me identificaba en demasía con la historia de Thompson, con sus dudas, sus inseguridades, los caminos que decidió tomar. Me permitió mirar hacia mi pasado con más compasión, con agradecimiento, con la certeza de que sucedió exactamente como debió suceder, dado que fue exactamente eso lo que me permitió existir tal y como soy en la actualidad, con todas mis virtudes y defectos. En todo mi esplendor. Imperfecto, pero real. Contradictorio, pero feliz.
Con todo este contexto en ese rincón de mi cerebro donde guardo los tesoros más preciados, me emocioné al saber que Thompson vendría al Comic Barcelona. Verlo y escucharlo en presencia de tantos fans, probablemente iguales que yo en su admiración, fue maravilloso.
Sin embargo, el momento mágico vino después.
Luego de completar un conversatorio, traducido al catalán (afortunadamente logré entender la mayoría), Thompson ofreció firmas en el pabellón de la editorial Astiberri, que publica sus obras en España. Sin pensarlo dos veces, hice la cola en la que estuve por dos horas de pie esperando a poder acercarme a Thompson por unos segundos.
Mientras estaba en cola, no pude evitar fijarme en la ilustración del Hombre Araña que decoraba la pared a mi izquierda.
La eterna espera me llevó a analizarlo, y me percaté de algo: el Hombre Araña está ilustrado dos veces. Una, desde la perspectiva de lado que domina el cuadro, y otra, en el reflejo del edificio al fondo donde se mira a sí mismo.
Esto quiere decir que uno o más ilustradores tuvieron que pararse a pensar cómo se vería este personaje desde distintas perspectivas. ¿Cómo reaccionaría la luz desde dos ángulos distintos? ¿Cómo se apreciarían los detalles de su brazo izquierdo en cada perspectiva? ¿Cómo se movería la telaraña en su axila izquierda dentro del momentum del personaje? Todas estas cosas, y muchas más, requieren una serie de miles y miles de microdecisiones que se toman a la hora de ilustrar. Algunas llevan a libertades artísticas: si se dan cuenta, la telaraña de la axila se ve más grande en el reflejo que en su contraparte, probablemente para darle un efecto más dramático y aumentar la sensación de flujo y movimiento del personaje.
Entre estos pensamientos, eventualmente la cola se movió y pude acercarme a Thompson. Firmó mi copia de Blankets con una ilustración hecha en vivo de Raina, uno de los personajes de la historia.
Mientras Thompson dibujaba, aprecié lo mismo que veía en el dibujo del Hombre Araña: una serie de decisiones hechas en tiempo real, por una mente y unas manos claramente entrenadas a lo largo de muchos años de práctica y absorción de influencias varias.
Observen la manera en que los trazos le dan volumen y fluidez al cabello de Raina, cómo esos mismos trazos agregan forma a su ropa, cómo le dan carácter a la aparición de mi nombre en la parte superior.
En su conversatorio, una persona de la audiencia le preguntó a Thompson sobre otra de sus obras, Habibi, y sobre cómo se relacionaba con su vida personal, siendo que sus otras obras venían de experiencias de su infancia. Thompson fue enfático en que Habibi, a pesar de ser una ficción más aparente (está situada en un país islámico con personajes del Medio Oriente, para nada relacionados con la infancia de Thompson), es quizás su obra más personal, ya que habla de traumas personales que solo pudo expresar mediante el recurso narrativo de la ficción. La historia es inventada, pero la esencia detrás de la misma es real.
Es cierto que la IA generativa se ha vuelto muy hábil en emular estilos, de una forma casi aterradora. Pero me llena de calma comprobar, de primera mano, en múltiples instancias, que la labor creativa de la ilustración está inmersa en una complejidad de emociones, decisiones, factores sociales y culturales que, por más que una IA pueda emular, jamás va a saber interpretar. Nunca veré en la IA una imperfección tan bella como la que veo en los personajes de Craig Thompson, o en las telarañas del Hombre Araña. Podré impresionarme a nivel superficial con algo que haga ChatGPT, pero nunca me atravesará el corazón como lo hizo Blankets.
Otra persona en la audiencia le preguntó a Thompson su opinión sobre la IA generativas. Opuesto a lo que se podría pensar de un artista, Thompson se mostró bastante optimista, pero por las razones correctas: las IA van a hacer del arte básico y genérico algo tan típico, tan común en las redes y en la publicidad, que las audiencias van a querer buscar, incluso más que antes, narrativas genuinas e imperfectas que le hablen a la vulnerabilidad de sus almas. Es aquí donde más creadores pueden salir a relucir.
Y a partir del entusiasmo que presencié en Comic Barcelona, comparto su optimismo.







