Quiero volver a ser principiante
Empezar desde cero.
Es medianoche de viernes. Una repentina epifanía arribó en mi mente. No puedo evitar sentarme a escribir.
Estoy en un punto de transición en mi vida. He alcanzado logros considerables en mi actual carrera. Estoy en una posición en la que personas importantes depositan su confianza en mí, y me siento capaz de ser fiel a dicha confianza. Me siento en un buen lugar, rodeado de buena compañía. Me siento seguro. Cómodo.
Y aún así, estoy insatisfecho.
Llevo días debatiéndome por qué. La respuesta es tan simple que hasta me produce gracia.
Extraño la incertidumbre. Paradójico, especialmente para mí que soy ansioso en demasía. La verdad es que me hace falta ese empuje que tenía cuando todo empezó.
Esa noción de no saberlo nada pero querer saberlo todo. Esa apertura a rodearme de personas que saben mucho más que yo, personas de las que me puedo nutrir más de lo que soy capaz de imaginar. Ese amor inconmensurable por el conocimiento, por saber más. Por aprender.
Quiero volver a lanzarme al vacío. Quiero volver a enfrentar a la bestia. Quiero que mis anteriores tácticas sean fútiles y me obliguen a repensar mi estrategia.
“Es solo cuando lo hemos perdido todo que somos libres de ser lo que queramos.” Sí, ya sabes quién dijo esa frase.
Drexler hablaba sobre el concepto del cinturón blanco (y hasta le hizo una canción). En alguna revista de artes marciales, se hablaba sobre un arte en el que solo existían tres cinturones: el blanco, que indica tu posición de principiante; el negro, que indica que has adquirido todo el conocimiento posible; y nuevamente el blanco, que solo obtienes cuando desaprendes todo lo que absorbiste para el cinturón anterior.
El mensaje es claro: no se trata de ser expertos, sino de nunca dejar de ser principiantes. De siempre portar el cinturón blanco.
Quizás es hora de ponérmelo.
Quiero volver a ser principiante.



El apellido de la vida es Incertidumbre. 😉