¿Se avecina un cambio de paradigma en el proceso creativo?
¿O quizás ya está sucediendo?
Ayer leí un artículo de Fabio Simões que me dejó pensando bastante sobre el panorama actual, particularmente en el ámbito creativo.
Parafraseando un poco, cuenta cómo los procesos creativos que emprendemos son normalmente condicionados por las herramientas que utilizamos. Esto se extiende tanto a los límites de lo que podemos hacer como a la manera misma de pensarnos aquello que queremos hacer.
Me encantó leer esto porque verbaliza algo que venía sintiendo desde hace unos años pero no había sabido poner en palabras: estamos más condicionados por nuestras herramientas de lo que pensamos.
Me remite a una conversación que tuvo Rick Rubin con el director Alejandro González Iñárritu, en la que el cineasta hace referencia a un concepto fascinante: la manera en que hemos venido entendiendo cómo funciona nuestro cerebro siempre ha estado mediada por la tecnología de la época:
En la antigüedad, se pensaba que el cerebro funcionaba a través del flujo de líquidos o “humores”.
En el siglo XVI, con el auge de los autómatas, se veía como una máquina de relojería con engranajes.
En el siglo XIX, se comparó con una centralita telefónica o cables eléctricos.
Hoy en día, pensamos en términos de “procesamiento de datos”, “almacenamiento de archivos” y “algoritmos”, siguiendo la metáfora de la computadora.
El cerebro puede entenderse como cualquiera de estas cosas, o quizás como ninguna. El quid del asunto es que las herramientas que utilizamos condicionan y limitan en gran medida nuestro entendimiento de la realidad, incluyendo cómo entendemos el proceso creativo.
Si me propongo hacer una fotografía en Photoshop, voy a pensar en términos de capas y píxeles. Si quiero diseñar una interfaz en Figma, mi mente se va hacia frames y juntar componentes con auto-layout. Si quiero hacer una animación en After Effects, debo entender el concepto de keyframes y expresiones algorítmicas.
La imaginación es ilimitada, pero aterrizarla en la praxis significa ser sinceros con lo que podemos hacer dadas las condiciones de las herramientas que poseemos. Como decía un profesor en mis épocas de estudio de cine: “Uno no hace la película que quiere, sino la película que puede.”
Un cambio de paradigma
Todo lo anterior parece estar mutando. Evolucionando. Trascendiendo a otro nivel de posibilidades.
Admito que no quise creer que pudiera ser verdad. “Otro ciclo de hype, otro conjunto de falsas promesas” me dije a mí mismo.
Hasta que decidí probarlo.
Me propuse rediseñar mi portafolio como product designer, una tarea que entra perfectamente dentro de las limitaciones discutidas arriba: siempre me he tenido que adaptar a lo que me permite hacer un Uxfolio, o un Adobe Portfolio, o un Squarespace.
Esta vez, quise darle rienda suelta a mi creatividad, utilizando la promesa de Claude Code para salirme de las cadenas de las plantillas genéricas.
No fue un proceso rápido, ni cuestión de pedírselo a Claude y obtenerlo en 5 minutos, exactamente como lo tenía en mente. Si lo hubiera tratado de hacer de esa forma, probablemente me hubiese rendido enseguida.
Hay que entender algo clave sobre el proceso creativo: es un diálogo. Entre tú como creador y quienes quieran que sean tus compañeros en colaboración (artistas, asistentes, herramientas… y sí, en este caso, una herramienta potenciada por IA).
En ese sentido, me pregunté: ¿cómo puedo colaborar con esta herramienta?
Lenta pero seguramente, puertas que antes encontraba cerradas empezaron a abrirse. Lo que podía explicarle, se lo daba en prosa extendida. Lo que no, le pedía que me ayudara a entender.
En ningún orden particular:
Quise conectar Claude Code directamente a un entorno que se actualizara en vivo. A punta de iteraciones pude vincular mi workspace a mi github, y de ahí a un proyecto en Vercel. Esto quiere decir que cualquier cambio que hago, se actualiza directamente en mi página, ya en línea.
Quise darle una estética de retro UI a mi portafolio. Leyendo y entendiendo cómo funcionan los themes en Next.js, pude encontrar uno en Internet y adaptarlo a mis necesidades.
Quise crear y animar un avatar de mí mismo, en pixel art. Como ya había leído lo suficiente sobre cómo se crean e implementan estos artefactos (llamados sprites por conocedores), sabía qué base necesitaba darle a Claude Code para implementar esta idea (la hice a través de Pixel Lab, para quienes quieran probar también).
Y así puedo dar mil ejemplos más, pero lo importante es lo siguiente:
Llegó un punto en el que dejé de adaptarme a la herramienta y empecé a moldearla a mi gusto. A mis necesidades. A mis intenciones creativas, cualesquiera que fueran.
No es exactamente la idea romántica de “lo que me imagino, lo hago realidad”, pero Dios mío, se acerca bastante.
El resultado hasta ahora puede verse aquí (y les mentiría si les digo que no me tiene contentísimo)»
¿Hacia dónde vamos con esto?
Hay visiones catastróficas sobre el impacto de la IA en la creatividad. No vengo a decirte que es mentira, porque la verdad es que también puedo ver consecuencias negativas a corto plazo.
Personas que abandonan la mejoría de sus ideas y se rinden ante la facilidad de una IA que te da algo medianamente competente al recibir una frase de instrucción escueta. Creativos que no concuerdan con el camino que está tomando la industria y deciden abandonarla por completo. Y eso sin hablar de los despidos masivos por empresas que francamente pareciera que no tuvieran muy claro hacia dónde van.
Lo que sí puedo decir, desde mi propia experiencia, es que el cambio de paradigma a nivel creativo es palpable: estamos pasando de querer hacer lo que podamos a poder hacer lo que queramos.
No sé exactamente en qué termine esto (el mundo cambia muy rápido últimamente), pero si tuviese que apostar por qué priorizar, me iría con lo que argumenta Fabio Simões en su artículo (énfasis mío):
Pero esto requiere una clase de honestidad para la que la mayoría de los creativos nunca fueron entrenados: observar tu propio proceso con la misma atención analítica que le dedicarías al proceso de alguien a quien respetas. Entender dónde reside el gusto. Dónde reside el juicio. Dónde reside esa intuición que aún no tiene nombre. Qué es lo que haces al crear que no es simple ejecución; aquello que se perdería si fueras reemplazado por un sistema genérico entrenado con el trabajo de todo el mundo.




