Un lugar fuera del tiempo
Reencontrando un pequeño escrito que consideraba perdido.
Nota: en distintos momentos de mi vida, he visitado una y otra vez los campos de la escritura. Me ha permitido encontrar sentido dentro del caos, serenidad dentro de la ansiedad. El texto a continuación es uno que escribí estando encerrado, completamente solo, en el marco de la pandemia del 2020. Estaban cambiando muchas cosas en mi vida, de las cuales muy pocas me hacían sentido.
Este fin de semana me repetí Los Dos Papas. Algo que me llama mucho la atención de esa película es cómo estas dos figuras históricas se reúnen en un espacio y tiempo indefinidos. Ahora, claramente se habla del año 2012 y conversan en el Vaticano, pero no me refiero a eso. Me refiero a cómo se siente su encuentro.
Normalmente es posible apreciar el impacto del contexto en las conversaciones que se tienen en las películas, pero en este caso, es casi como si el contexto se hubiera desvanecido y Dios le hubiera dado la oportunidad a estos dos hombres de reflexionar sobre sus vidas, sin preocuparse por tener que ir a algún lado o tener que cumplir algún horario. Solo son dos almas, en un espacio ausente de espacio, un tiempo ausente de tiempo, encontrándose, descubriéndose.
Ahora mismo, me encuentro en un momento que, en lo que concierne al sentir, es igual. No tengo un norte al cual apuntar, no poseo un objetivo que perseguir. Estoy en Bogotá, pero mi estadía en la ciudad tiene los días contados. Tengo un trabajo, pero la naturaleza que dicho trabajo cobrará al yo irme de esta ciudad está por desvelarse. Tengo un apartamento, pero estoy a punto de entregarlo. Y sin embargo, sigo en el apartamento. Sigo en el trabajo. Sigo en Bogotá. Analizo todo esto y me percato que me siento en el aire… no hay un pasado tangible ni un futuro visible. No hay norte pero tampoco hay sur. Sé que me iré pero no sé hacia dónde. No sé dónde estoy, pero aquí estoy. No existe el piso y aún así, aquí estoy de pie.
¿Qué debo conseguir en este lugar? ¿Debería aprender algo? ¿Está Dios queriendo decirme algo, pero yo no lo estoy escuchando, así como Benedicto XVI intentando escuchar la voz del Altísimo, pero enfrentándose al silencio? ¿O seré más bien como Francisco I, resuelto por perseguir un destino con la certeza de que es la voluntad de Dios, pero ciego ante el hecho de que su destino está aún por mostrarse?
¿Qué está queriendo decirme Dios? ¿A dónde quiere que vaya? ¿Qué quiere que haga?
Silencio. Solo hay silencio. Pero también hay certezas. Certezas dentro del silencio. Silencio dentro de las certezas. Certezas inciertas, volubles, líquidas.
Hoy sé algo, pero mañana sé lo contrario.





