Una nota sobre las métricas
La genuinidad de no saberlo todo siempre.
Crear contenido trae consigo la intención de querer conseguir el éxito. Después de todo, es apenas natural que queramos hacer algo y hacerlo bien.
En el caso de quienes navegamos en los mares de la creatividad, solemos adoptar, sin mayores cuestionamientos, la creencia de que el éxito es equivalente a la notoriedad. Entre más personas nos conozcan, entre más flores nos echen, entre más tendencia seamos, mejor parados estaremos. Ser una superestrella es la única manera de ser.
¿Es verdad eso? ¿Es acaso algo intrínseco al artista, aquel deseo de popularidad desmesurada?
Vengo pensando en esto estos últimos días. Mis continuos esfuerzos por hacer de Nandología algo más conocido me han expuesto accidentalmente a los designios del algoritmo, aquel monolito desalmado que nos analiza constantemente sin decirnos nada de verdadera trascendencia. Me ha vuelto consciente de la noción de las llamadas métricas, de los números cuyo entendimiento parece gobernar el razonamiento detrás del cual se hacen los contenidos más exitosos.
En otras palabras, el contenido se hace de acuerdo a lo que el público quiere.
Es el clásico dilema del artista. ¿Me dejo llevar por el ímpetu de mi alma, o me dedico a complacer a las masas? ¿Priorizo el arte sincero o el arte comercial?
No pretendo ser quien porta la verdad a tales preguntas. Es más, mis experiencias de vida me han demostrado que preguntas de ese tipo no poseen única respuesta, y que quienes proclamen poseer alguna “verdad absoluta” sobre estos temas son pruebas fehacientes de que el Efecto Dunning Kruger es un fenómeno cada vez más real.
Lo que si puedo hacer es hablar desde mi experiencia personal. La verdad es que para mí las métricas importan muy poco, si es que importan en primer lugar.
Nandología nació como un proyecto personal, algo florecido desde mi corazón, de mi incapacidad de quedarme quieto sin estar haciendo algún tipo de ejercicio que implicara crear algo. Son impulsos que nacen de mi alma, de lo que es cierto y genuino para mí, y ha sido precisamente este tipo de arte el que me ha inspirado a hacerlo.
Han sido los artistas que se han atrevido a estar tan conectados consigo mismos, en todo su esplendor, en toda su imperfección, en todo su desafío de lo convencional y de lo aconsejado, los que más motivación me han dado para emprender el acto creativo en primer lugar.
Como dice Rick Rubin: la audiencia viene de último.
Es una de las principales razones por las que Substack como plataforma me ha parecido tan genial. Me ha permitido conocer personas que se atreven a desprenderse de los designios del mundo para hacer cosas que las mueven, las hacen sentirse realizadas, vulnerables, emocionadas, vivas. Nicole Villamarín, Creatividad Desordenada, Angélica, Sofi Falke, Gabriela Caballero, Maria Perrier, solo por mencionar a unas cuantas. Todas han sido artistas que he tenido el enorme privilegio de conocer y de apreciar gracias a esta plataforma.
Si algún mensaje tiene este artículo, es que las métricas son lo último en mi lista de prioridades. No me fijo en vistas, likes, tasas de apertura, ni nada de estas cosas. Hasta tengo mi navegador configurado para no distraerme con estos datos (si les interesa, mi navegador actual es Arc, y me permite hacer esto mediante Boosts, más información aquí.)
Si bien representan información útil para otros creadores, para mí solo se convierten en camisas de fuerza, en antídotos para una sustancia que nunca ha sido un veneno, sino la gasolina que me hace despertarme todos los días con ganas de seguir este proyecto.
Eso que llaman amor al arte. Yo prefiero llamarlo amor por el acto creativo.






¡Nando! Tantas verdades en tu texto. Tanta presión, a veces, para alcanzar números, nos puede desviar del alma de los proyectos. Que sorpresa y honor esta mencionada en tu texto. ¡Gracias! Nos acompañamos en el camino, y en su andar es donde surgen muchas de las respuestas que buscamos.
Cierto, 😃 salvo que vivas de esto.